Sara Anguera. La inteligencia artificial (IA), llamada a ser el gran motor de productividad del siglo XXI, empieza a mostrar su cara más incómoda: la de los empleos que desaparecen. Lo que hace apenas dos años se percibía como una promesa tecnológica, hoy se traduce en procesos de despido y reajustes de plantilla en grandes corporaciones que aceleran su automatización interna.
Aunque la mayoría de las empresas evita admitir públicamente que la IA reemplaza directamente a trabajadores, los datos y las decisiones recientes dibujan una tendencia clara: la sustitución de tareas humanas por sistemas automatizados ya no es un escenario de futuro, sino una realidad en marcha.
Amazon y la automatización silenciosa
En España, Amazon es el caso más visible y más reciente. La compañía ha ejecutado este año dos expedientes de regulación de empleo (ERE) que podrían afectar a más de 1.200 empleados de sus oficinas de Madrid y Barcelona. Fuentes sindicales aseguran que el proceso está directamente vinculado a la “reorganización tecnológica” del grupo, mientras que desde la dirección se habla de un plan global para “optimizar procesos internos” mediante inteligencia artificial y automatización.
A escala internacional, documentos internos filtrados a la prensa estadounidense apuntan a que Amazon planea sustituir hasta 600.000 puestos en almacenes y departamentos logísticos de Estados Unidos mediante robots y sistemas de IA antes de 2027. Aunque la compañía niega que se trate de un “plan de despidos masivos”, reconoce que la automatización “redefinirá por completo” su estructura laboral.
Los sindicatos europeos temen que esa ola tecnológica se extienda también a las filiales del continente. “La empresa ya está aplicando IA para prever demanda, optimizar rutas y automatizar tareas administrativas. Lo que antes hacía una persona ahora lo hace un algoritmo”, afirma un representante de CCOO en declaraciones a este medio.
El sector de los ‘contact centers’ bajo presión
Otro sector donde la inteligencia artificial está dejando huella es el de los servicios de atención al cliente. Compañías como Teleperformance, Konecta o CPM han anunciado en los últimos meses expedientes de regulación que, en conjunto, superan el millar de despidos.
Oficialmente, estas reestructuraciones se justifican por “ajustes de campañas” o “cambios de demanda”. Sin embargo, expertos del sector coinciden en que la introducción de chatbots, asistentes virtuales y sistemas de IA conversacional ha reducido drásticamente la necesidad de agentes humanos en tareas repetitivas.
“Estamos viendo cómo los clientes piden soluciones basadas en IA para reducir costes. El impacto en el empleo es inevitable”, explica un consultor de la patronal CEX. Los sindicatos denuncian que, mientras se habla de digitalización, se están sustituyendo puestos humanos sin una transición laboral clara.
Las lecciones de fuera: Klarna y Chegg
En el extranjero, la relación entre IA y despidos se expresa de forma más explícita. La fintech sueca Klarna sorprendió en marzo al anunciar que su nuevo asistente de inteligencia artificial realizaba el trabajo equivalente a unos 700 empleados. Aunque la empresa insiste en que no se trata de un recorte “directo”, reconoció que la herramienta ha permitido reducir plantilla y costes operativos.
Semanas después, la compañía tuvo que reincorporar personal para corregir errores y atender reclamaciones: la IA no siempre lograba ofrecer la misma calidad que un agente humano.
En Estados Unidos, el caso de la plataforma educativa Chegg se ha convertido en un ejemplo paradigmático. La compañía ha ejecutado dos rondas de despidos en 2025, eliminando casi la mitad de su plantilla. La propia dirección reconoció que el desplome de usuarios se debía a la irrupción de herramientas de IA generativa, como ChatGPT, que ofrecían respuestas similares sin coste. La “revolución de la IA” no solo automatiza trabajos, también destruye modelos de negocio completos.
España: entre la oportunidad y el riesgo
Según un informe de Randstad Research, alrededor de dos millones de empleos en España, casi el 10 % del total, se encuentran “en riesgo de automatización” por efecto de la IA. Los sectores más vulnerables son administración, atención al cliente, logística y contabilidad.
No obstante, la automatización no implica necesariamente desempleo neto. Los analistas subrayan que el mismo proceso generará nuevas profesiones ligadas al desarrollo, la supervisión y la ética de los algoritmos. El problema, advierten, es el ritmo. “El desafío no es si habrá trabajo, sino si los trabajadores actuales podrán reciclarse a tiempo”, resume un experto laboral de ESADE.
El Gobierno español prepara, junto a los agentes sociales, un plan de recualificación profesional para sectores expuestos a la IA, mientras Bruselas estudia una directiva sobre “transparencia algorítmica” que obligaría a las empresas a informar a empleados y clientes cuando sus servicios sean operados total o parcialmente por inteligencia artificial.
Un cambio cultural y social
Más allá de los números, la automatización plantea un debate ético. Según una encuesta de Ipsos, el 93 % de los españoles quiere que las empresas informen si reemplazan personal por IA. La sociedad acepta la innovación, pero exige responsabilidad.
“El progreso tecnológico es necesario, pero no puede ser excusa para destruir empleo sin control”, alertan desde UGT. Del otro lado, los empresarios argumentan que la competitividad y la eficiencia son esenciales para mantener operaciones en Europa: “Quien no adopte IA, se quedará atrás”.
Conclusión: el empleo se transforma, pero no se destruye solo
La evidencia apunta a que la IA no ha desencadenado, de momento, una ola masiva de despidos en España, pero sí ha acelerado la desaparición de puestos intermedios y tareas rutinarias. Las empresas que la adoptan ganan productividad; las que no, pierden terreno. El equilibrio entre eficiencia y cohesión social será, en adelante, uno de los principales desafíos económicos.
La inteligencia artificial ya no es una promesa futura. Es el nuevo jefe silencioso que, sin avisar, reorganiza departamentos, redefine funciones y obliga a replantear el valor del trabajo humano.
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